LO QUE NO SE PUEDE PERDER

Llenas de timidez y de un encanto inocente, cohibidas en medio del gran campeonato, empezaron a disfrutar de la experiencia una vez ya casi había terminado. El baloncesto fue un tanto abrumador, un poco lo de menos.

Aquella cena de ese martes, la que ponía fin al curso, no aguardaba sorpresas. Yo quería despedirme con el recuerdo del mar al fondo pero empezaron a cantar canciones. Bada badum badum badum badum badero… Era su momento y la vergüenza se desvaneció mágicamente en el azul.

Esas niñas que rieron y lloraron esta temporada, todas esas niñas, dieron sin darse cuenta una grandeza admirable al Babieca. A nosotros, a mí en especial. Porque tan grande se volvió el sentimiento de la ilusión que nos contagió a todos, tanto, que la fe fue nuestra victoria.



Esto es lo que no se puede perder, clamó con el corazón en la garganta alguien en el último aliento de la noche.

Y ahora lo repito yo, aquí, porque así lo siento. No dejemos que se pierda.

He vivido un aňo fantástico en donde las estrellas del mar subieron al cielo. Y las olas ya no borrarán nuestras huellas en la arena.

Jamás.

jamas

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